La piedra Rosetta en las relaciones

Una relación es como una caja de bombones: Algún asqueroso bombón de licor te va a tocar de vez en cuando. Está claro que no todo va a ser de color de rosas. Eso sí, esto no significa que no pueda merecer la pena.

Llevándolo al ámbito romántico, que una relación no sea perfecta es lo mejor que te puede ocurrir. No solo porque lo perfecto no exista, si no porque si existiera sería un auténtico aburrimiento. Algo así como una montaña rusa totalmente plana, sin subidas y bajadas, sin riesgo ni adrenalina…sin emoción ninguna.

Esto era una de las cosas que más me gustaba de nuestra relación, que era imperfecta, real y una auténtica aventura.

Su carácter me incitaba a ser la persona cálida y tierna que yo nunca me había permitido ser. Con él se apoderaba de mí el cosquilleo de la más tierna infancia, como cuando me enfrascaba en la lucha por conseguir logros e ir superando pantallas en un videojuego. Era emocionante, vibrante, misterioso…como ir descifrando el más delicioso de los enigmas.

Poco a poco iba adentrándome en el descubrimiento de sus gestos, miradas, silencios y casi los iba descifrando. Era muy emotivo ir viendo más allá de ellos. Y así, ese abismo misterioso que veía en él se iba desvaneciendo paulatinamente.

Pero claro está, todo esto tenía que tener también sus tintes agridulces. A veces esa oscuridad se me antojaba eterna y sentía que no progresaba nada. La misma sensación que cuando sueñas que corres, corres y corres, y por más empeño que le pongas no avanzas.

Cuanto más iba descubriendo más evidente se me hacía todo lo que me quedaba por conocer de él. Eso fomentaba en mi alguna que otra situación de crisis e inseguridad. Esa energía tan potente y tan vibrante se convertía en esos momentos en un negro huracán del que se me antojaba casi imposible escapar. Y la alegre ilusión se  transformaba en un espejismo ¿Acabaría conociéndole realmente? Porque en esos momentos se me hacía una labor imposible.

Hasta que de la manera más tonta y simple posible, eso cambió. Es curioso como una cosa sencilla que a priori no tiene porqué tener importancia puede cambiarlo todo para siempre, suponer un antes y un después.

Así debió de sentirse Jean Francois Champollion cuando descubrió la piedra Rosetta. Seguro que cuando encontró ese pedazo de basalto no se imaginaba que estaba delante de uno de los descubrimientos más importantes de la historia antigua de Egipto. Eso es, basalto, básicamente una roca ¿Cómo es eso posible? Pues la importancia no está en su nombre, que es por el lugar donde la encontraron. Y aunque suene difícil de creer, tampoco en lo que hay escrito en ella, que es un decreto del faraón Ptolomeo V . El interés aquí está en el cómo. Lo que le da relevancia es que está escrito en tres escrituras diferentes : demótico, jeroglífico y griego. Y ahí está la clave, este maravillosa roca, que hoy en día se encuentra en el museo Británico de Londres, es la que permitió descifrar los jeroglíficos egipcios.

Así es, hasta su descubrimiento a finales del S.XVIII, teníamos bastantes lagunas en nuestro conocimiento de esta cultura milenaria. Ese trocito de roca preciosa nos abrió las puertas hacia los misterios del antiguo Egipto.

De igual manera, muchos enigmas se me revelaron. Y todo comenzó con unas simples palabras suyas:

-Me acaba de escribir mi hermano, que no puede quedar conmigo mañana -Vi que torció un poco el gesto, algo que me resultó llamativo . Aunque siguió hablando como si nada – Bueno, ya le contaré las novedades del proyecto que estoy montando.

– Había pensado hacer mi famoso risotto este finde. Invítale si quieres. Así aprovecháis y os ponéis al día.

El se quedó serio y callado de repente. Se mordió el labio, como en un pequeño gesto de contención, hasta que sin poder remediarlo unas pequeñas lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas. Yo me quedé completamente descolocada, y lo único que supe en ese momento fue abrazarle

Paso algo tiempo hasta que se calmó, y entonces fue capaz de hablar y explicarme toda la importancia que tenía su hermano para él. Sabía que le tenía mucho cariño, pero nunca se había sincerado conmigo de una manera tan profunda. Me habló de las circunstancias que los había unido tanto, y de cómo había cuidado de él más como un padre que como un hermano mayor . Me contó también las ganas que tenía de hacerle partícipe de sus cosas, y que le encantaba la idea de que por fin me conociera. Mi gesto, que a priori podría parecer pequeño, para él había significado mucho y no había podido evitar emocionarse

Yo le escuchaba boquiabierta y embelesada, sin ser consciente de que ese momento tan cotidiano cambiaría las cosas entre nosotros de una manera tan profunda. Poco a poco había ido conociendo muchos de sus misteriosos jeroglíficos, pero por fín había dado con una clave importante para poder empezar a descifrarlos. Y es que este era el primero de los momentos en los que dejé de conocerle y pude empezar a comprenderle

–  Por cierto, he traído unas coronitas. ¿Te apetece que nos pongamos unos capítulos de “Vikingos”?

–  Si.. ( Un momento ¿Desde cuando este hombre me conocía tan bien?)

Maldita sea, este chico hacía mucho que había descubierto mi piedra Rosetta

12 comentarios en “La piedra Rosetta en las relaciones

  1. Delicioso, como siempre! Gracias!

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  2. Espero que seas muy feliz. Desde luego a tus lectores nos haces felices con estas historias tan entretenidas. Tienes un don especial para hacer comprender la Historia.

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    1. Muchisimas gracias por tu comentario y por leerme !! 😘😘

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  3. Me ha encantado!!!👏👏😃😃😃

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  4. Qué maravilloso textoooo. Yo aún estoy media desesperada por encontrar esa piedra. La relación a distancia y ahora en confinamiento ha hecho que se haga muy difícil y frustrante. Gracias por escribir. Amé el relato.

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    1. Las circunstancias a veces lo ponen todo muy difícil, pero yo soy de las que piensa que si se quiere, se puede! 🤟🏼

      Ánimo y muchas gracias por leerme! 😘

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  5. Siempre diré que el amor es buscar la perfección en la imperfección de una persona. Me ha encantado

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    1. Toda la razón! Gracias por leerme ☺️

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